Elecciones: Macri contra su legado

Autor: Sergio De Piero. Politólogo. Profesor de la Carrera de Ciencia Política UBA, de la UNAJ y UNLP.

Año electoral. El primer dato es que el panorama de estas elecciones no se parece demasiado a las de 2017. No sólo porque este año elegiremos al próximo presidente o presidenta de la Nación, sino porque el clima de 2017 se ha disipado y ha surgido un escenario notablemente distinto donde el perjudicado con claridad, es el gobierno nacional. Se dice que en alguna reunión luego de octubre de 2017 un gobernador peronista pronunció la frase: “No hay 2019 para el peronismo”.  El horizonte parecía llano a la reelección de Mauricio Macri y la consolidación de Cambiemos como un espacio político en crecimiento (el oficialismo también afirmaba que estaba en condiciones de ganar la gobernación de varias provincias). Pero todo se disolvió con una velocidad asombrosa. Las encuestas de opinión señalan que la primera caída, luego derrumbe, de la imagen del presidente comenzó días después de aquella victoria electoral, seguramente de la mano de la modificación de la ley previsional que calcula los aumentos de haberes sancionada en diciembre de ese año. De allí en más, salvo algún leve repunte, todo ha sido barranca abajo, con iniciativas que emergen y desaparecen en un vértigo notable. ¿Cómo pudo suceder que esa expectativa, derivara en este presente?

"Sin embargo, al mismo tiempo varios referentes de Cambiemos fueron dando señales de distanciamiento de esa conducción y de la suerte de Macri en lo electoral."

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Tenemos entonces un escenario complejo para el oficialismo. Pero también es cierto que la autoridad de Mauricio Macri al interior de la coalición no se debilitó. Al día de hoy, ni parece que pueda suceder, la candidatura de Macri ha sido directamente desafiada por su propio espacio, más allá de las especulaciones que circulan todo el tiempo. La sangre no ha llegado al rio. Sin embargo, al mismo tiempo varios referentes de Cambiemos fueron dando señales de distanciamiento de esa conducción y de la suerte de Macri en lo electoral.  Primero gobernadores de Cambiemos como el mendocino José Cornejo o el jujeño Gerardo Morales, decidieron correr la elección provincial de la fecha de la nacional (a pesar del pedido en contrario del mismo Macri); fue claro que no les pareció atractivo compartir la elección con la presidencial. Luego, otros espacios provinciales que forman parte de Cambiemos, decidieron no utilizar el nombre de la coalición e incluso mudar del establecido amarillo, hacia otras expresiones y otros colores. El primero de ellos, el ex futbolista Carlos Mac Allister precandidato a gobernador en La Pampa, lo expresó con claridad: “Los que estamos más cerca de Macri podemos tener una situación un poquito más complicada".

"Hablar de cloacas y calles asfaltadas no alcanza para construir una acción de gobierno. Y justamente el problema al que se enfrenta Mauricio Macri al pretender su reelección, es la ausencia de una huella marcada por su gestión, un legado. "

La expresión, dicha en la primera PASO en la cual el candidato de Macri perdió frente al del radicalismo, no dejaba lugar a dudas. Tan contundente fue ese resultado, que el macrismo buscó desactivar otras contiendas internas por temor a ser derrotado por los aliados radicales. Con todo, se sucedieron las provincias y las buenas noticias nunca llegaron para el PRO; el único consuelo provenía de que el peronismo no lograra hacerse del ejecutivo provincial en Neuquén o en Río Negro. Estos resultados pueden ser comparados con dos elecciones previas y quizás nos arroje conclusiones diversas. Si lo pensamos respecto de 2015, no vemos importantes novedades, pues permanece la máxima “los oficialismos ganan”, por tanto, los resultados son los esperables (a estas alturas solo parece probable un cambio de partido en el poder en Santa Fe y quizás no ocurra). Esto indicaría que estos resultados no impactan en la elección nacional y que el macrismo puede encaminarse hacia una nueva victoria de la mano de Macri. Pero si los comparamos con la elección legislativa de 2017, la cuestión cambia. Aun tomando que no se trató de una elección de Poder Ejecutivo, la expansión electoral que logró el oficialismo en ese año fue tan notable que disparó aquella frase ya citada del gobernador peronista, y alimentó varias esperanzas del macrismo. Pero lo que está sucediendo no responde a aquellas expectativas. En esa línea todo parece indicar un retroceso electoral de Cambiemos que ve peligrar su caudal electoral. Una fuerza política nacional con pretensiones de reelección, debería extender su proyecto a las gobernaciones provinciales y no conformarse en este caso con las 5 que gobierna actualmente (contando a la CABA). Da la sensación que el proyecto macrista no logró esa mayor presencia territorial que entusiasmara en los otros niveles de gobierno; a pesar de las reiteradas diatribas oficiales, no hay un proyecto que movilice, que conmueva. De este modo las opciones que le quedan al gobierno para encarar las elecciones son escasas. No será la bandera de los logros conseguidos, de los derechos defendidos o de las demandas satisfechas la que flamee en la campaña; no es la virtud la que se expondrá en los discursos. Sólo podrá apelar a alimentar un terror por el regreso del peronismo al poder (terror por otra parte que no se construye con miedos efectivos, tangibles como si la llegada de aquel movimiento implique derechos a perder, sino la idea de la llegada del monstruo, otra vez; como si nuestra dirigencia antiperonsita viviera eternamente anclada en 1956). La otra opción, que incluso es complementaria de la primera, consiste en lograr la mayor cantidad de fracturas en el peronismo, objetivo al que el gobierno ya le ha dedicado algunas acciones. No mucho más que eso. Hablar de cloacas y calles asfaltadas no alcanza para construir una acción de gobierno. Y justamente el problema al que se enfrenta Mauricio Macri al pretender su reelección, es la ausencia de una huella marcada por su gestión, un legado. Así como Alfonsín es recordado por los juicios a las Juntas, Menem por vencer la inflación, Duhalde por conducir la transición, Kirchner recuperar el rol del Estado y Cristina por la baja del desempleo, ¿qué deja la presidencia de Macri? ¿Cuál política sería la que invite a la ciudadanía a otorgarle un nuevo mandato? ¿Qué le puede ofrecer a la sociedad Macri de su gestión, que la sociedad quiera que perdure otros cuatro años? Pareciera que Macri no tiene legado para ofrecer que las mayorías quieran rescatar.

 

Esa es su mayor limitación de cara a las elecciones.

© 2016. ANAP. Asociación Nacional de Politólogos

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